Al terminar el encuentro que se realizó en la Casa del Mediterráneo me pidieron que escribiera un artículo para publicarlo en su blog. Os dejo el enlace y más abajo el texto.

 

Mi abuela sacaba una silla al portal todos los domingos a las seis de la tarde. Se sentaba junto a las vecinas, que no tardaban en llegar, colocaba sobre sus piernas la colcha de ganchillo que había comenzado a principios de verano y empezaba a contar historias.

Yo escuchaba con la admiración de los ocho, quizá nueve años, y le preguntaba, Madre Carmen, ¿por qué cuentas cuentos? Ella sonreía y me decía para cambiar el mundo.

Unos años más tarde volví al pueblo con mis amigas de la ciudad y ellas también pudieron asistir al ritual de cada domingo. A las seis de la tarde, mi abuela narró lo que sucedió en un lugar muy lejano hacía ya mucho tiempo. Lo hizo en el portal, con las manos diestras enredadas en la colcha de ganchillo que ya iba por la mitad. Madre Carmen, ¿por qué sigues contando cuentos? Para que el mundo no cambie tan deprisa.

Cuando mis hijos nacieron mi abuela ya era muy viejecita. Arrastraba, sin prisa, los pies y la silla desde la cocina hasta el portal y daba los últimos puntos a la colcha de ganchillo que estaba casi terminada.  Madre Carmen, ¿por qué todavía cuentas cuentos? No dijo nada, levantó la vista de su labor, me miró con sus ojos pequeños, todavía vivos, y me dijo cuento para que el mundo, a mí, no me cambie.

 

Y puede que haya que seguir contando cuentos porque sí, porque hay cuentos y hay quien los escuche.

Yo también cuento historias, de las de antes y de las de ahora, las que he leído y las que he escuchado, cortas y largas, de risa y de miedo, para niños y para mayores, ante cientos de personas y en familia, en desiertos y en islas, en plazas y en teatros, de día y de noche. Y si me preguntas por qué cuento cuentos, podría buscar respuestas académicas, económicas e incluso filosóficas, pero te contestaría porque me gusta, sin más.

Bueno, a estas alturas tendréis curiosidad sobre «Los que escriben y los que cuentan, encuentro de narradores». Adelante, pasa y ponte cómodo que voy a contarte. Es un ciclo de encuentros con el propósito de ofrecer un lugar común a escritores y narradores, escritoras y narradoras (y todas las combinaciones posibles) para que conversen de forma amena y distendida sobre lo que nos une, el cuento.

Escucharás diferentes estrategias, diferentes puntos de vista y diferentes formas de abordar un relato:

  • el cuento desde quien escribe, imagina o recopila historias para un lector que lee en intimidad con su propia voz.
  • el cuento desde quien cuenta a un auditorio, quien narra esta misma historia con un tono, un ritmo y una voz, ajena y propia a la vez.

Este diálogo de saberes se enriquece con la participación del público que tiene la palabra en cualquier momento. Y puedo asegurar que intervienen creando, con sus preguntas y comentarios espontáneos, un clima distendido y cálido.

Hasta el momento se han realizado trece encuentros; siete parejas de cuentistas y escritores que nos han dejado valiosísimas reflexiones.

¿Para qué nacen los cuentos?, le pregunté a Fernando Iwasaki Cautí en la inauguración del primer ciclo. Para soñarnos, para sumergirnos en un mundo abierto a lo fantástico, para explicar el mundo, primero el nuestro, el cercano. Todos tenemos en nuestras familias historias y esas historias son contadas desde la vivencia, la emoción y la cercanía.

Andrés Neuman habló de las ventanas que se le abrieron de pequeño al escuchar las historias que su padre creaba, recreaba y engordaba noche tras noche. Nos confesó que tiene una noción muy auditiva de la narrativa gracias a estos momentos, a los cuentos que escuchaba por el tocadiscos mientras aprendía a leer y a que la música también ha estado presente en su vida.

Pep Bruno recordó sus primeras lecturas y su primer contacto con la narración oral desde su ciudad, Guadalajara. ¿Cómo nos contamos los narradores? ¿Cómo nos llamamos? ¿Cómo nos llaman?

Gracias a la Casa del Mediterráneo hemos podido escuchar voces y cuentos de otro país. Ifigeneia Kakridoni contó en griego y dio voz a los mitos en su encuentro con Pedro Olalla.

Entre unos y otros hablamos de la tradición oral, del relato actual, de historias que viajan sin fronteras, de la narración como profesión (que no debe sustituir a los cuentos contados por mamá o papá), del trabajo previo, de la memoria, del repertorio, de las historias que elegimos para escribir o contar.

Hemos disfrutado también con los folkloristas Antonio Rodríguez Almodóvar y José Manuel de Prada Samper, con los escritores Carles Cano, Clara Obligado, Hipólito Navarro, Marta Sanz, José Ovejero, Laura Freixas, Nuria Barrios, Benjamín Prado. También con los narradores Llorens Jiménez, Cristina Temprano, Virginia Ímaz, Ana Griott, Cristina Verbena, Pablo Albo, José Manuel Garzón, Martha Escudero, Paula Carballeira y Victoria Gullón.

La palabra escrita y la palabra dicha es la protagonista de estos encuentros.

 

 El cuento es imaginación, una puerta abierta que te deja atisbar lo que hay dentro, un retorno a lo mejor de la infancia.

 

Raquel López Cascales

Mayo, 2017

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